¿RESTAS O SUMAS?
¿RESTAS O SUMAS?
El humanismo es uno de los
paradigmas de la Nueva Escuela Mexicana (NEM), y el presente artículo de
opinión lo abordará, considerando si realmente los agentes educativos lo están
trabajando y de qué manera, así como las competencias que van adquiriendo y la
forma de evaluar. Este enfoque pedagógico, se centra en la dignidad y el
potencial del ser humano, promueve un aprendizaje integral que considera las
emociones y experiencias de los estudiantes, busca crear un sistema educativo
inclusivo y equitativo, el desarrollo de competencias emocionales, la promoción
del pensamiento crítico, un enfoque en la diversidad y el fomento de la
colaboración entre educadores.
La NEM, tiene como fundamento el
artículo 3o. cuarto párrafo, de la Constitución Política de los Estados Unidos
Mexicanos y el artículo 11 de la Ley General de la Educación (LGE), en los que
claramente establecen la educación respetuosa, equitativa y promotora del
desarrollo humano integral del educando. Con base a este fundamento, la NEM,
propicia que los NNAJ, junto con sus docentes, sean entendidos en su diversidad,
problemas y decisiones que afectan su vida y la de su entorno, para que se
conviertan en ciudadanos críticos, emancipados, capaces de tomar decisiones que
beneficien sus vidas y las de los demás. Anteriormente, los modelos se
enfocaban más en competencias y al imponerse este nuevo, causó un impacto drástico
que movió a las instituciones educativas de su zona de confort causando resistencia.
Es importante preguntarnos: ¿Los agentes educativos lo están practicando para
que se empiece a esbozar la transformación humanista en el sistema educativo?
Tomemos en cuenta que, ante este nuevo modelo faltó preparación y capacitación que,
hasta la fecha, no se han dado con constancia y los docentes no cuentan con los
elementos y recursos necesarios para cubrir las exigencias y competencias. No
es de la noche a la mañana, es paulatinamente y requiere esfuerzo, paciencia,
tolerancia, persistencia, perseverancia y esperanza, nos corresponde preguntar
y buscar para que nuestra labor educativa sea eficiente y de calidad.
Dentro de las competencias docentes,
es esencial que se desarrollen las socioemocionales como: el autoconocimiento,
la colaboración, la comunicación, la gestión emocional, la conciencia social y
la toma de decisiones, así como las competencias pedagógicas como: las
habilidades, los conocimientos, las planificaciones, las tics, las reflexiones,
la evaluación y la retroalimentación. Por ello, es de suma importancia hablar
de la evaluación, como un proceso que proporciona información, ofrece
retroalimentación, reflexión, valoración, integración e instrumentos que reforzarán
el proceso mismo de aprendizaje. Al irse actualizando el Plan y los Programas
de Estudio, con enfoque en derechos humanos y perspectiva de género (vida
saludable, educación sexual, deporte, literatura, artes, inglés, civismo,
ética, filosofía y desarrollo socioemocional), también debe ir evolucionando la
forma de pensar, reaccionar, actuar y evaluar. Cabe cuestionarse: ¿Cómo están desarrollando y
viviendo estas competencias? ¿Están practicando la evaluación? ¿Han obtenido
resultados favorables?
La escuela en el transcurso de
los años, a pesar de tantos esfuerzos, sigue siendo el lugar propicio para que
se den conflictos, exclusiones, violencia en muchos estudiantes. Los docentes tienen
una función normativa, son un modelo a través de la forma de relacionarse con
el otro, lamentablemente, no se dan cuenta que son observados en su manera respetuosa
o devaluadora, clara o confusa, directa o indirecta, personal o impersonal, rechazo
o aceptación, confianza o desconfianza, conexión o desconexión, que van coadyuvando
al interior de los grupos de clase para deteriorar o reconstruir las relaciones
interpersonales. Falta mucha participación de los padres de familia en la
educación escolar de sus hijos, pero, ¿Cómo lograrlo? Si en cada reunión
escolar se les juzga, reclama, critica, exponen y exhiben; en lugar de
escucharlos, entrenarlos y brindarles herramientas que ayudarán a que se
fortalezca la triada de red de apoyo.
El reto ahora ante este nuevo
modelo educativo, es convertir a la escuela en un verdadero espacio de
desarrollo personal de educación para la vida, donde el estudiante al ser respetado,
validado y reconocido, aprenda a ser respetuoso, responsable y colaborativo,
que los docentes tengan clara su vocación y el compromiso de servicio, fomenten
una metodología participativa, que conlleve vivencias de aceptación, escucha y
ser escuchados, faciliten en el estudiante la dimensión formativa para que se
empieza a lograr una educación en la no violencia promoviendo sumar, en lugar
de restar. ¿Cuántos docentes y alumnos actúan de manera destructiva y
disfuncional? ¿Qué es más importante, cumplir un programa académico o crear
espacios de confianza y seguridad para expresar y escuchar? ¿Cómo empezar a
quitar esa resistencia de entrar a su propio mundo y logren entrar al de sus
alumnos?
Concluyo con la siguiente frase
de los doctores Michel: Un maestro sin desarrollo interior difícilmente será
capaz de dejar huella como “educador para la vida”; como agente promotor de la
salud mental de sus alumnos; como facilitador del crecimiento personal y
comunitario. Esto me lleva a pensar detenidamente el cómo hemos ido promoviendo
poco a poco en nuestras aulas, tanto profesores como padres de familia, relaciones
sin vínculos, ni límites, ni reglas, ni testimonios positivos, que han llevado
a muchos de nuestros estudiantes a actuar de maneras destructivas, propiciando nuevas
generaciones disfuncionales. Es esencial que aquí y ahora, nuestro rol docente
sea más consciente, responsable, comprometido, de aceptación y acompañamiento, que
promueva una pedagogía del diálogo y entonces sí se vaya dando la integración
del humanismo para lograr una educación más sana, constructiva, benéfica y
significativa, preparando a nuestros NNAJ para enfrentar con perspectivas críticas
y comunitarias, los desafíos presentes y futuros con una visión integral. ¡Gracias!
Sanjuana Vázquez
Bibliografía.
Amazo, F. y Suárez, V. (2023). El liderazgo en educación: una nueva
visión de la realidad desde el humanismo. INNOVA Research Journal, 8(1),
49-67 https://doi.org/10.33890/innova.v8.n1.2023.2214
Chanto, C y Durán, M. (2014). Humanismo educativo en la sociedad
del conocimiento. Nuevo Humanismo. Revista del Centro de Estudios Generales,
2(1) 25-36. https://doi.org/10.15359/rnh.2-1.2
Chávez R. & Michel B. S. (2004.) Aprender a ser y a dejar ser,
vol. I y II. México: Editorial Norte-sur
Chávez, R. R. y B. Michel (2008). “MSF: La Aportación de Alvin
Mahrer. Prometeo”: Revista Mexicana de Psicología Humanista y Desarrollo
Humano. 54, pp. 64-68. https://www.academia.edu/5826069/safe_space_for_dialogue
Chávez Rosario y Michel Sergio. (2016). El Maestro Facilitador. (5ª ed.).
México: Editorial Norte-Sur.
Goleman y Davidson (2017). Educación
socioemocional. Controversias y
Concurrencias Latinoamericanas, 11(20), 387-401. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=588663787023
Mora (2013). Neuroeducación, solo se puede aprender aquello que se ama. Madrid:
Editorial Alianza
Secretaría de Educación Pública (2022).
Educación Socioemocional en el marco de la Nueva Escuela Mexicana. Educación
básica, fases 3 a 6. Disponible en: https://educacionbasica.sep.gob.mx/wp-content/uploads/2024/08/Educacion-socioemocional-en-el-Marco-de-la-NEM.pdf
Secretaría de Educación Pública (2023). Orientaciones para la
Primera Sesión Ordinaria del Consejo Técnico Escolar y el Taller Intensivo de
Formación Continua para Docentes. https://educacionbasica.sep.gob.mx/wpcontent/uploads/2023/09/Orientaciones_Primaria_Primera_Sesion_Ordinaria_FINAL.pdf
Sanjuana, como lectora y también como docente, tu texto me hizo reflexionar bastante porque toca situaciones muy reales que vivimos en la escuela. Me gustó mucho cómo cuestionas si realmente estamos “sumando” desde el enfoque humanista o si, sin darnos cuenta, seguimos “restando” en nuestras prácticas.
ResponderEliminarSiento que conectas muy bien con lo que propone la Nueva Escuela Mexicana, pero sobre todo con lo que pasa en el día a día: la falta de preparación, la resistencia al cambio y también la forma en que a veces nos relacionamos con alumnos y familias.
Yo, como docente, me identifiqué mucho con la parte donde hablas de la evaluación y de la importancia de lo socioemocional, porque muchas veces nos centramos en cumplir y dejamos de lado lo más humano. También me hizo pensar en cómo estamos construyendo (o no) ambientes de confianza en el aula.
En general, es un texto muy honesto, que invita a cuestionarnos sin suavizar la realidad, y eso se agradece porque abre la puerta a mejorar nuestra práctica desde algo más consciente y humano.